domingo, 24 de febrero de 2008

CORRUPCIÓN

Lo sucedido con el ministerio de educación es sólo la guinda que corona la torta, una torta que se inició el año 1991 con el desvío de los aportes de emergencia para damnificados por temporales y aluvión de Antofagasta y por la erupción del volcán Hundson, en Aisén.

Por otra parte, es de amplio conocimiento que los organismos públicos adolecen de un gran defecto administrativo llamado burocracia. Esto se manifiesta normalmente por excesivos controles y conductos regulares extensos y algunas veces demorosos; la gran ventaja de lo anterior es que más temprano que tarde se detectan anormalidades en la respectiva repartición o dependencia, y usualmente se hacen efectivas las responsabilidades por el principio de autoridad que rige esos organismos.

Dicho lo anterior y desde el punto de vista de un ciudadano y contribuyente y a la luz de las declaraciones de la Ministra de Educación, el Seremi y todos quien han acaparado las primeras planas de los medios noticiosos, resulta muy difícil creer que el desorden, la negligencia y la inoperancia hayan llegado hasta los niveles que se ha informado; las cantidades de dinero no se condicen con la explicación de la llamada “mecánica del desorden”, aquí, lisa y llanamente, estamos frente a corrupción, a lo mejor no como se ha dado en los innumerables casos visto hasta ahora, pero sin duda alguna se trata de lo mismo.

La corrupción es un mal social, y como tal debe ser combatido; los ciudadanos debemos asumir que estos hechos deben ser condenados abierta y masivamente de lo contrario nos quedamos en manos de los grupos políticos por todos conocidos, que a esta altura han perdido toda compunción frente los actos de corrupción que aceptan y en los que en muchas oportunidades son partícipes.