miércoles, 15 de agosto de 2007

PROGRESISMO

El progresismo brutal, especialmente el Europeo, ha descubierto en los últimos días que en virtud de la libertad de expresión una sociedad no se puede mofar de una figura religiosa con la que se identifican casi 1200 millones de personas. En Chile, se han dado claras muestras de esta tendencia, basta con que alguien exprese algún comentario políticamente incorrecto en relación a tendencias sexuales, libertades individuales o simplemente que por creer en Dios algo no le parece bien, para que inmediatamente se le tiren encima una multitud de progresistas declarando a los cuatro vientos que tal cual o persona es un retrógrado, fascista, represor, fanático religioso u homofóbico; se organizan funas, se le menoscaba por la prensa, etc. Todo lo anterior hace pensar que eso de respetar la opinión del otro sucede sólo cuando esta de acuerdo con la mía, actitud que los Europeos tendrán que modificar lamentablemente ya no por la razón.

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